Tradicionalmente escuchamos que nosotros, los seres humanos, estámos hechos a imágen y semejanza del creador. La verdad en estas palabras para la gente religosa es evidente: La fé los lleva a sentir eso que la frase dice y a forjar su forma de ser, tomándola como base.
Pero nunca me ha convencido eso que ellos dicen, así que comencé a indagar sobre la veracidad de esa famosa frase. Y después de crecer leyendo y escuchando opiniones al respecto, encontré la verdad que me parece evidente: Dios no es el ser divino que está en el cielo esperando a que nos portemos bien, castigándonos cuando no lo hacemos. El verdadero Dios está en la tierra, viviendo dentro de cada uno y esperando a que seamos buenas y bondadosas personas. Cuesta un poco digerir estas palabras, pero si se leen con detención es posible encontrar la diferencia fundamental entre ellas.
La iluminación llega cuando nos percatamos de nuestro verdadero lugar en este mundo, el ser creadores de nuestra propia realidad, dotados de poderes tal cual los tiene aquél personaje pintoresco en el cuál se basa la biblia.
La ignorancia existe desde siempre, y es la omisión de nuestras propias capacidades humanas. Es el desmerecernos a nosotros mismos como seres de la tierra y del cosmos, atribuyéndole nuestros poderes a alguien divino, y con esto, olvidando que cada uno de nosotros somos ese juez, esa conciencia, ese hermoso ser creador que todos llaman Dios.
13/07/08
11/07/07
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